miércoles, 14 de noviembre de 2007

Premios de la Crítica. Los premios, los críticos.

Los premios, los críticos.

Por Sigfredo Ariel



En una película del año 40 Bette Davis le dice a su abogado, con una mirada vertical a los ojos y una mano de hielo que termina en humo inmutable de cigarro: "Tengo muchos defectos, pero sé ser agradecida" —y el buen doctor no puede más que hacer silencio mientras digiere la frase de la mujer que ha asesinado a su hombre por incertidumbre de amor, razón tremenda.

Igual que en aquella secuencia de The Letter, saltándonos la exótica circunstancia que reunió a los personajes de Maugham, se trata de "agradecer", esta vez a nombre de diez de los autores cubanos que vimos publicados libros nuestros en el 2006, esta tarde, el Premio de la Crítica: también con una mirada directa a los ojos de nuestros benefactores, a pesar de que nos falte el humeante cigarrillo por la reciente prohibición (no dudo que muy bien justificada) de fumar en sitios públicos y con la diferencia que ninguno hasta la fecha haya cometido, que yo conozca, un solo crimen relevante.

A pesar de que, sabemos todos, los premios literarios poseen una importancia relativa, no hay duda de que es mucho más agradable ganarlos que no ganarlos. Y aunque no ofrecen garantía alguna de perdurabilidad de una obra, ni siquiera de una página, permiten que un imaginario reflector se detenga sobre lo que uno va poniendo en la cuartilla en blanco y aun cuando esto suceda de manera efímera, lo muestre o lo avise a los demás creadores y al arcano “público lector”, que es invisible. Por eso los premios no carecen totalmente de sentido. Este en particular es codiciado por la ciudad letrada en pleno, pues revela que un grupo de colegas ha apreciado parte de nuestro trabajo al punto de destacarlo sobre muchos otros, porque mucho se publica hoy en Cuba.

Como la naturaleza de los premios literarios es misteriosa hemos visto "irse en blanco" textos que suponíamos —o sabemos con certeza— mejores que los que este o aquel jurado consideró, tal como nos sorprende que a un lector o un crítico un día cualquiera le merezca atención determinada página nuestra medio errabunda, medio excéntrica que andaba por ahí.

Y aunque es cierto que esta clase de cosas alimenta la inseguridad a la hora de escribir, supongo que mantiene a raya la vanidad o el ego, que a la larga son indomables y que constituyen verdaderos estorbos para el escritor, pero "todo infortunio esconde alguna ventaja".

Los premios literarios también generan suspicacias y engendran sospechas —incluso propias—, pero de eso hablaremos en otra ocasión, no en esta fiesta menuda, hecha para regocijarnos en todo lo talentoso que ciertas personas suponen que somos.

Me halaga en lo personal que mi cuaderno de poemas se acompañe esta vez de los de mis queridos y viejos amigos poetas Reina María Rodríguez y Luis Lorente —no voy a disimular esa alegría—; también, por supuesto, de las novelas de Lourdes González y Teresa Cárdenas, los libros de ensayos de la doctora Elina Miranda y de Jorge Fornet; los cuentos de Mercedes Melo y de Nersys Felipe y el Teatro escogido, de Eugenio Hernández Espinosa, gente toda notable en grado sumo.

Me siento afortunado —con perdón sea dicho— y como Bette Davis, muy agradecido, no solo por el premio mío, sino por haberme encomendado expresar en público en nombre de estos autores un socorrido y sincero "muchas gracias".

Palabras pronunciadas el lunes 22 de octubre en el Centro Cultural Dulce María Loynaz en la entrega de los Premios de la Crítica.

Premios de la Crítica 2006

El Premio Anual de la Crítica a los mejores libros de literatura y arte publicados en Cuba en el 2006 fue adjudicado a los poemarios Born in Santa Clara, de Sigfredo Ariel, Más horribles que yo, de Luis Lorente, y Catch and release, de Reina Maria Rodríguez. También fueron seleccionados los libros de ensayos Calzar el coturno americano, de Elina Miranda, y Los nuevos paradigmas: prólogo narrativo al siglo XXI, de Jorge Fornet; las novelas Las edades transparentes, de Lourdes González, y Perro Viejo, de Teresa Cárdenas (para niños y jóvenes); los libros de cuentos Ámbito de Hipermestra, de Mercedes Melo, y Corazón de libélula, de Nersy Felipe (para niños y jóvenes); y el Teatro escogido, de Eugenio Hernández.
Seis editoriales fueron reconocidas: Letras Cubanas y Unión encabezan los premios, con tres en cada caso, y uno cada una obtuvieron Matanzas, Oriente, Casa de las Américas y Alarcos. El Jurado, integrado por Enrique Saínz (Presidente), Ivette Vian, María Elena Llana, Nara Araújo, Jesús David Curbelo, Norge Espinosa, Alex Pausides y Reinaldo Montero, sesionó en el Centro Cultural Dulce María Loynaz de esta capital, donde fue otorgado oficialmente el Premio, el 22 de octubre de 2007 a las cinco de la tarde.

Edel Morales
Director
Centro Cultural
Dulce María Loynaz
19 y E. El Vedado.
Ciudad de La Habana.
edelmorales@loynaz.cult.cu

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